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ENTREVISTA NATALIA DE SANTIAGO: ECONOMÍA FAMILIAR

Nat de Santiago es una reconocida experta financiera de nuestro país que escribe para la revista Elle y que acaba de publicar un libro con editorial Planeta, "Invierte en ti", muy recomendable.

En este libro, Natalia te explica cómo organizar tu economía familiar de forma que puedas vivir mejor y, por tanto, ser más feliz. Y en esta entrevista, vas a descubrir parte de esa enseñanza. Te aseguro que no te defraudará y que al finalizar su lectura habrás cambiado gran parte de tu pensamiento actual sobre la economía personal como madre y la economía familiar.

Natalia habla de manera clara y concisa. Todo lo que trata es eminentemente práctico así que estoy segura que empezarás a poner en funcionamiento sus consejos desde hoy mismo.

Además, Natalia tiene cinco hijas, la mayor de 15 y la menor de 7, con lo que nos entiende perfectamente a todas las madres, y sabe aún más si cabe sobre economía familiar.

¡Vamos a la entrevista! Os la transcribo tal cuál, a partir de la charla que pude disfrutar con ella para el podcast Sonora baby maternidad.

Tenemos dos recursos: tiempo y dinero. Para las madres estos recursos son especialmente escasos y debemos ser tacañas con ellos. En cuanto al tiempo, Natalia confiesa que la teoría es clara pero que en la práctica es más complicado. Su secreto es haber hecho el ejercicio de simplificar mucho, ser minimalista, también con su tiempo. Por ejemplo, ahora organiza muy bien sus salidas en coche de modo que aprovecha muy bien cada traslado para no perder el tiempo en idas y venidas, reduciendo los traslados.

En la economía familiar es muy importante tener un buen presupuesto, sobre todo con niños ya que con ellos hay muchos gastos como ortodoncias y gafas. No es tan complicado prever este tipo de gastos que además no son pequeños. Podemos sentarnos en cualquier momento del año y planificar a doces meses vista. Poner por categorías los gastos e ingresos que tendremos en los siguientes meses. Por ejemplo, dentro de "Educación" incluiríamos no solo el colegio sino también gastos de material y uniforme, clases extra escolares... 

Teniendo siempre en cuenta que los imprevistos reales son pocos, en realidad podemos prever la mayoría de los gastos que están por venir como que se nos puede romper la lavadora o que el coche necesita una revisión o cambio de ruedas.

Natalia diferencia entre dos tipos de gastos: fijos y flexibles, una diferenciación que tendremos siempre en cuenta a la hora de planificarnos. Los gastos flexibles son aquellos que podemos cortar de cuajo si en un momento dado las cosas nos vienen mal en el plano económico. Esto mide nuestra capacidad de reacción ante una crisis financiera en la familia, cuando la economía familiar se tambalea. Es vital ser realista a la hora de calcular nuestros gastos flexibles, quizás podamos reducir nuestras compras de ropa rápidamente pero no la de nuestros hijos/as porque ellos crecen.

Esto está relacionado a su vez con el colchón de emergencia ya que nuestro colchón de emergencia habrá de ser mayor si nuestros gastos flexibles representan un porcentaje muy bajo de nuestros gastos totales.

El colchón de emergencia se mide en meses de sueldo neto (de sueldo de la familia). Todos deberíamos tener un mínimo de 3 meses de sueldo en nuestro colchón de emergencia, lo ideal es tener para 6 meses.

Entonces, si tienes una capacidad de reacción muy rápida, es decir, unos gastos flexibles altos (por ejemplo el 50% de tus gastos totales son gastos flexibles); necesitarás tener menos ahorros en tu colchón de emergencia. Esto es así porque gran parte de tus gastos se puede disminuir de formar muy rápida ante una situación difícil en que, por ejemplo, se reduzca el nivel de ingresos familiares.

Tener una capacidad de reacción rápida proporciona gran tranquilidad y te permite tomar mejores decisiones porque son decisiones que se toman desde la calma. Permite, en definitiva, tener una economía familiar más saneada. Por otro lado, si entras en modo crisis, cuanto más rápido reacciones; menos te afectará esa crisis.

Lo ideal es hacer todos estos cálculos cuando no estás en modo crisis, cuando todo está bien. Hay que dedicarle un rato. Cuando lo haces en el momento en que las cosas te van mal, perderás un tiempo muy valioso y en este caso tiempo es dinero.

El colchón de emergencia es una parte del ahorro, por tanto, no es igual a ahorro. El colchón es un ahorro que tienes de forma muy líquida, al que puedes acceder rápidamente y sin pérdidas. 

Se pueden transformar gastos fijos en gastos flexibles. Los gastos flexibles son: ocio, ropa de los adultos, ahorro y poco más. Son gastos que puedes cortar de golpe mañana mismo. Para ahorrar en gastos flexibles has de hacerlo cuando las cosas te están yendo bien, por ejemplo renegociando algunos gastos o eliminando cuotas o suscripciones.

Natalia define un concepto que "lo que yo valgo". Lo que yo valgo es lo que tengo menos lo que ahorro. Es algo que todas deberíamos calcular sumando todo lo que posees y restando tus deudas. No es tan importante lo que vales hoy sino que vayas aumentando siempre ese valor a lo largo del tiempo. Hay que empezar pronto a mirarlo. El día que te jubiles tienes que tener un valor neto alto. Puedes aumentarlo: ahorrando, pagando deudas, heredando, gastando menos... Una o dos veces al año deberíamos revisarlo. El día que te jubiles debes poder vivir de ese valor tuyo sin problema.

En cuanto a la jubilación, se debe empezar a ahorrar para ella desde que se empieza a trabajar. Cuanto antes, mejor. Cada vez se van a endurecer más los criterios y las mujeres debemos preocuparnos aún más, aunque ahora mismo no estemos trabajando por baja maternal o excedencia etc. Pero, ¿Cómo podemos las mamis mirar por nuestra propia economía? La respuesta es que tendríamos que ser un poco egoístas en este tema, debemos poner un poco de ahorro (aunque sea muy poco) a nuestro nombre. También debemos seguir invirtiendo en nosotras mediante la formación. Pasaremos un momento en nuestra vida en que quizás nuestras vida profesional no sea la prioridad porque nuestros hijos son muy pequeños pero esta es una etapa que pasa y que ocupa pocos años de nuestra vida total. Cuando salimos de esta etapa, seguimos siendo jóvenes y agradeceremos haber invertido durante ese tiempo en nosotras, por poco que sea.

Si dejas de trabajar o reduces jornada, Natalia recomienda hacer un seguro de vida a tu pareja porque si pasa algo; te quedas sola con tus hijos y sin ingresos. Debemos hacer uso de estos instrumentos, aunque nos parezca desagradable tratar estos temas en ocasiones. Cuando una situación fatal sucede, ya no hay tiempo de actuar. El momento es antes, cuando todo está bien, cuando estamos sanos y estables. Lo mismo pasa con el seguro de dependencia y el seguro de salud. 

Al contratar varios seguros podemos pensar que se nos está yendo el dinero en seguros y que puede ser prescindible. Sin embargo, Natalia recomienda contratarlos, son gastos que nos protegen frente a posibles enfermedades y situaciones muy trágicas. Ella prefiere ser previsora en este aspecto de la economía familiar.

Cada vez es más común tener cuentas separadas en las parejas, así como firmar separación de bienes al casarse. Natalia piensa que hay que hablar todas estas opciones y acordar la mejor opción, siempre teniendo en cuenta que la mujer muchas veces renuncia a muchas cosas cuando es madre. Lo mejor es hablarlo bien, discutirlo de una vez, y ser muy justos mediante el reconocimiento de que la mujer quizás ha dejado de percibir ingresos por el bien familiar. Es un buen ejercicio ponerse en el lugar de que pase lo peor, imaginarse si sucede un divorcio o un fallecimiento, y planificar la economía familiar conforme a que todo quede bien si ocurren estas desgracias.

La separación de bienes, por ejemplo, es lo mejor cuando una de las partes de la pareja es o va a ser emprendedor(a) para limitar los riesgos.

Pasando al tema de alquiler o compra... La vivienda habitual puede ser un ahorro a largo plazo porque pagas durante unos años una vivienda que luego usas cuando te jubilas, siempre que sea una inversión que te puedes permitir. Sin embargo, hay un detalle importante y es que comprar y vender tiene muchos costes y se necesitan años para que una inversión de ese tipo se amortice. Por tanto, la vivienda habitual es una ahorro A LARGO PLAZO por este motivo. Explicado con un ejemplo, comprar una casa y venderla a los tres años, volver a comprar otra y volver a venderla a los 4 años y así continuamente por varias veces; esto no es una inversión y conlleva pérdidas. En estos casos la mejor opción es alquilar.

Al llegar a cumplir 45 años, si es un buen momento para plantearte comprar tu vivienda definitiva porque las hipotecas a partir de esa edad son menos ventajosas y al ser más mayor, las hipotecas cada vez son más cortas.

Alquilar una vivienda no es tirar el dinero. Comprar una vivienda supone un ahorro solo cuando han pasado 5-7 años, antes de este período el hecho de comprar una casa conlleva muchos gastos.

Para comprar una vivienda, lo ideal es tener ahorrado un 30-32% del valor de la vivienda para poder cubrir una entrada de aproximadamente el 20% y unos gastos de compra venta que rondan el 12% del valor de la casa (dependiendo si hay intermediario al que pagar, por ejemplo). Además, el valor de la casa no debe ser mayor a cinco veces el nivel de ingreso familiar. La hipoteca no debe superar el 30% de los ingresos netos. Por último, debes poder pagar la casa antes de la jubilación. Si no cumples estos criterios, deberías alquilar hasta poder cumplir los requisitos.

La inversión es guardar una cantidad esperando que mañana esa cantidad sea superior, que te de una rentabilidad. La rentabilidad está unida al riesgo siempre. Cuando inviertes esperas tener una rentabilidad futura pero estás corriendo un riesgo. Si no inviertes, tienes que ahorrar más. Ahorrar es guardar sin esperar rentabilidad a cambio de ese ahorro. Cualquier opción es válida. Siempre y cuando tengamos en cuenta que invertir es la guinda del pastel, es algo que podemos hacer una vez cubierto el colchón de emergencia, estás ahorrando para la jubilación, para tu vivienda, tienes tus gastos cubiertos etc. Es entonces cuando puedes plantearte el invertir, cuando tu economía familiar está muy saneada, en algo acorde al nivel de riesgo que puedes soportar, un riesgo con el que te sientas cómodo.

Con estas definiciones, cuando pagamos algo será una inversión si hay retorno, es decir, si aumenta tu valor o reporta ingresos futuros. Una empleada del hogar, por ejemplo, puede ser una inversión si ese tiempo en que tú no limpias la casa estás obteniendo algún beneficio. Hablamos siempre de retorno real, algo medible. Lo que está claro es que cuidar tu salud es una inversión, tener una mala salud es algo muy costoso. Financieramente hablando, tener una salud óptima es ahorrar. Revisiones dentales, deporte... todo ello supone un ahorro futuro. 

Inversión de futuro es también hacer a tus hijos personas independientes y capaces.

Natalia no defiende ser austera con el gasto sino ser consciente con el gasto. Ella se niega a aconsejar en qué ahorrar porque es algo muy personal. Lo que defiende es que se debe saber en qué se va el dinero, no quitarse lo divertido, no dejar de gastar en lo que te hace feliz, sino que hay que ser consciente sobre lo que gastamos y en qué lo gastamos para vivir acorde a tus posibilidades y poder tener más dinero precisamente para gastar en cosas que te hacen sentir bien. No nos podemos sentir culpables cada vez que gastamos. El dinero está para gastarlo. Solo hay que tener en cuenta que también querrás gastar en el futuro. Déjale dinero a tu "yo" futuro. En esto consiste llevar una buena economía familiar.

En relación a los hijos, gastar mucho en ellos o permitirles todos los caprichos no les va a hacer más felices ni es positivo para ellos. El hecho de que lo tengan todo no les hace bien. Deben saber que hay que esforzarse para tener dinero, que no todo se puede tener inmediatamente...

Muchas veces nos sacrificamos por gastar más en los hijos de lo que realmente podemos. Tendríamos que preguntarnos si de verdad el dinero que estás invirtiendo en tus hijos va a tener un retorno. Apuntarle a clases, por ejemplo, que pensemos que realmente les van a ayudar. No es necesario apuntarles a todo. Es mejor centrarse en una actividad, por ejemplo, antes que intentar darle a todos los palos. También es importante no hacer lo que hace todo el mundo solo porque todo el mundo lo hace.

Es mucho más valioso ser experto en una actividad (inglés por ejemplo) que hacer muchas cosas a medias y sobre todo no dejarse llevar por las modas.

Leer o salir a jugar al parque o correr detrás de una pelota... son actividades muy económicas y que les aportan muchos conocimientos y habilidades. No siempre aprenderán más en clases extraescolares.

No debemos traspasarles todas las preocupaciones económicas a los niños pero si hablar de dinero con ellos. Es algo que les ayuda, es bueno que sepan administrarse, que sepan ahorrar, que valoren lo que compran, que conozcan de dónde viene el dinero...

Los niños son curiosos y suelen preguntar en algún punto sobre el dinero, es un buen momento para hablar con ellos sobre esto. Suele ser buena edad entre los 7 y 8 años para empezar a hacerles entender lo que se pagan ellos con sus ahorros. No con ello les hacemos más materialistas.

La personalidad financiera es de nacimiento. El que es proclive a gastar mucho suele serlo desde que nace y el que es ahorrador también lo es desde que nace.

¡Espero que te haya gustado mucho esta entrevista!

Nos leemos en el próximo post. Mientras tanto, puedes leer muchas otras entrevistas y artículos de interés sobre maternidad en el blog Sonora baby.

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