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EMPRENDIMIENTO SIENDO MADRE, CON HIJOS PEQUEÑOS

Siempre he trabajado por cuento ajena, desde que tengo 16 años, y nunca me planteé ser emprendedora pese a la carrera que había estudiado (Administración y Dirección de Empresas). Nunca... hasta que quedé embarazada de mis mellizas.

Pero, ¿por qué me planteé meterme en una historia cómo ésta? Os lo cuento en este artículo de forma, como siempre, muy clara y concisa. Quizás alguna de vosotras está estudiando un cambio así en su vida y mi experiencia le sirve de ayuda para aclararse un poco.

En primer lugar, el tema de la conciliación en España está aún en camino de mejora, queda mucho por hacer y mientras se hace o no yo voy siendo madre y la realidad es que yo necesito conciliar YA.

Está claro que lo que podamos conseguir para las mamis que vengan detrás será genial pero, como digo, yo necesito buscar una solución a mi día a día ya; trabajando sin dejar de ser madre. 

Durante mi primer embarazo tenía una posición muy cómoda en una asesoría fiscal por lo que no me planteé en ningún momento dejarlo por el hecho de estar esperando un bebé.

El bebé llegó y yo no pude atenderle como merecía porque me incorporé a trabajar a los tres meses de dar a luz con todo lo que esto conlleva. Busqué quién se encargara de él durante mi jornada laboral, fui quitándole el pecho mucho más pronto de lo que me hubiera gustado (a los seis meses estaba destetado y hasta esa fecha mantener la lactancia materna fue una odisea porque pasaba muchas horas fuera de casa), cuando llegaba a casa estaba tan cansada y tenía tanto por hacer que no le disfrutaba al 100%, no pude introducirle yo a la alimentación complementaria como me hubiera gustado, me perdí sus primeros pasos una mañana cualquiera cuando decidió con 8 meses que ya era hora de caminar un poco, y un largo etcétera.

Cuando llegó el segundo embarazo tuve claro que tenía, quería, dedicarme a mi bebé (luego descubrí que era un embarazo gemelar) y busqué la forma de hacer posible lo que parecía una utopía. 

Supongo que todo pasa por algo, y por eso creo que sucedió que la empresa en la que trabajaba prescindió de mis servicios al enterarse mi antigua jefa de mi embarazo. Tenía que hacerme indefinida justo esa semana y quise ser clara con ella, estaba embarazada, para que tomara la decisión que creyese conveniente. 

Fue así como me encontré embarazada de mellizas de muy poquito tiempo y en paro. Mi mente no paró un instante de maquinar qué hacer, porque no soy persona de disfrutar de la inactividad por muy embarazada o fatigosa que me encuentre. Y no digo esto como crítica a toda aquella que sea capaz de relajarse y disfrutar del embarazo, a veces pienso que ojalá fuese yo un poquito más así.

Finalmente tuve claro que era el momento de emprender, de hacer algo muy mío, un proyecto que tuviera significado, que me entusiasmara y con el que en un futuro (no muy lejano) pudiera vivir. Solo me faltaba decidir qué hacer, qué tipo de proyecto quería llevar a cabo y cómo iba a lograr dedicarme a él cuando nacieran mis mellizas, es decir, cómo me iba a organizar.

No vivía cerca de mis padres y no quería meter a mis pequeñas en la guardería hasta que no hubieran pasado de largo el añito de edad. Todo esto me complicaba el emprendimiento porque tener tres hijos, dos de los cuales eran gemelos muy pequeños, no me dejaba tiempo ni para pensar. Pese a ello y buscando huecos donde casi no los había, conseguí aclarar mi mente sobre qué podría yo ofrecer a la gente, algo que yo sentía que necesitaban las mamis que estaban en parecidas circunstancias a las mías, con dos bebés que llegan juntos y lo complican todo un poquito.

Fue así como Nora y Sofía (mis mellizas) me inspiraron a crear una marca que ofreciera productos para familias múltiples pretendiendo ayudar a las mamás y papás a llevar mejor la crianza de dos bebés simultáneamente. Y lo primero que creé fue el cojín de lactancia gemelar que previamente había fabricado para mí propio uso.

A partir de aquí todo fue trabajo y más trabajo, horas y entusiasmo a partes iguales. No voy a negar que ha sido, y es, difícil; muy difícil. Es difícil sacar tiempo para dedicarlo a una empresa que está comenzando, es difícil saber priorizar, no agobiarse, no deprimirse si una semana parece que nada va a salir bien o que el tiempo que se le está dedicando al emprendimiento no parece dar resultados...

Para mí la clave está en imponerme unas normas muy básicas e inquebrantables. La primera es priorizar y dentro de esta norma he establecido que mi familia es lo primero, que mis hijos son lo primero. Así que en mi día a día cuido de ellos con esmero y solo en los momentos que me dejan "libre" (cuando duermen por ejemplo) es cuando aprovecho para avanzar en mi negocio siendo lo más productiva que puedo. También compagino las tareas que puedo hacer con ellos como ir a alguna reunión con ellos, a visitar a algún proveedor, a algún curso, a alguna Asociación, etc.

Quiero sobretodo que quede claro que el hecho de emprender siendo madre de niños muy muy pequeños, para mí, es un camino muy lento; exageradamente lento. Pero no me importa, lo doy por hecho, asumo que ha de ser así y con esta asunción me quedo más tranquila cuando veo que no llego a poner en marcha todo lo que me gustaría o todo lo que tengo en mente en relación a mi proyecto emprendedor.

También quiero explicar que a partir de que mis mellis cumplieron un año si que empieza a rondar por mi cabeza la idea de apuntarlas a una guarde en un futuro no muy lejano. Sé que hacer esto me ayudaría mucho en mi día a día y serían poquitas horas al principio por lo que intento no sentirme culpable por ello aunque también reconozco que me cuesta pensar en no estar con ellas las 24 horas del día estando presente en cada uno de sus logros. En cualquier caso, el tiempo me irá diciendo cómo proceder de la mejor manera.

Si alguna de vosotras está en una situación parecida a la mía, que quiere emprender o que está comenzando un proyecto propio teniendo hijos, seguro que siente, como yo, muchos momentos de desesperación en los que piensas que no estás haciendo bien ni una cosa (ser madre) ni la otra (emprender) pero no es así, no debemos dejarnos llevar por esa sensación tan negativa. Ser madre es duro, y emprender también lo es. Seguro que como madre lo haces perfectamente aunque a veces la culpabilidad se apodere de ti por mil motivos distintos, nos pasa a todas.

Os he hablado de priorizar como norma inquebrantable que me impongo para llevar mejor mi vida de madre y emprendedora. Otra norma que me es muy útil y me impuse al comienzo es la de tener paciencia, dejar fluir, no desesperarme porque no obtener los resultados deseados a la primera. Y complementando a esta norma también decidí que una retirada a tiempo es una victoria por lo que si veo que los resultados de mi proyecto son negativos durante un tiempo determinado, sabré cerrarlo a tiempo pese al tiempo y dinero invertidos. Y, lo que es más importante, me prometí pensar en otro proyecto viable para lanzar si el primero no sale según lo previsto.

Por supuesto, mi consejo para toda aquella que esté pensando en emprender es que planifique muy bien sus finanzas previamente. Es vital tener claro el presupuesto que tenemos, los gastos que debemos cubrir, los ahorros con qué contamos, la previsión de ingresos, etc. Porque, como he dicho siempre, la familia es lo primero; y no podemos jugarnos su sustento.

En conclusión, las cosas no suelen ser fáciles y lo de verdad importante es disfrutar del camino, saber que las metas se suelen alcanzar con tiempo y esfuerzo, que el camino no es corto ni es rápido y precisamente por eso debe ser disfrutado.

Espero de corazón que este texto pueda arrojar cierta luz a alguna mami o embarazada que tenga el gusanillo del emprendimiento, como yo lo tuve hace no tanto. 

Como siempre, podéis dejarme cualquier comentario en la cuenta de instagram sonora_baby.

Muy feliz emprendimiento! :)