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COSAS QUE ME HUBIERA GUSTADO SABER ANTES DE SER MADRE

Tuve a mi primer hijo con 27 años y sin saber NADA sobre niños. Y cuando digo "nada" es NADA, no había niños en mi entorno y tampoco era una persona niñera (sin embargo el instinto maternal lo tenía muy desarrollado desde los 13 años, siempre supe que tendría más de un hijo).

A raíz de tener a mi primer hijo me metí hasta el fondo en el mundo de la maternidad y desde entonces no he cesado en mi búsqueda de información sobre los peques, su educación, su salud, su crianza, etc

Con esta introducción quiero explicar hasta qué punto no tenía idea sobre cómo cuidar un hijo y quiero que entendáis la de cosas que he descubierto, cosas que si alguien me hubiera contado durante mi primer embarazo me hubieran hecho la maternidad infinitamente más sencilla y práctica, y por tanto más feliz.

Tras mi segundo embarazo he seguido descubriendo numerosísima información sobre la crianza pero lo que quiero tratar en este artículo no son los temas más complejos o que representan un nivel superior sobre educación, salud o psicología infantil. Lo que quiero desgranar hoy son los temas más básicos, los que toda madre debería conocer antes de dar a luz, temas muy concretos y muy cotidianos, de la rutina diaria de un bebé.

Voy a dejar para lo último el consejo por excelencia, el saber que de verdad marca la diferencia, lo que todos deberíamos saber antes de ser madre/padre.

No quiero alargarme más así que iré directa al contenido:

1. Frío/Calor: Se comenta mucho sobre la sobreprotección de las madres primerizas con respecto al abrigo de su bebé. Ya se han escrito muchos artículos sobre como las mamis abrigamos demasiado a nuestros hijos cuando éstos aún no pueden comunicarnos si tienen frío o calor. Por tanto, no quiero ser muy técnica tratando este tema sino más bien explicarlo de forma clara y concisa.

Abriga a tu bebé como te has abrigado tú, ni más ni menos. Si llevas un pijama, ponle un pijama; Si llevas un abrigo, ponle un abrigo...  Y si notas algún síntoma de frío o calor en él/ella (estornuda, suda, tirita...) actúa en consecuencia abrigándolo un poco más o desabrigándolo un poco.

Si se destapa por las noches, ponle un pijama enterizo y grueso.

Si estáis en casa y se descalza, déjale, el frío no entra por los pies como se decía antiguamente. Evidentemente, si el suelo está muy frío y es invierno, ponle calcetines gruesos que no se quite pero no te obsesiones con que tu hijo se quita los zapatos de casa, casi todos los niños lo hacen.

Numerosos pediatras me han confirmado personalmente que tanto el gateo como los primeros pasos deben hacerse descalzos. Es más, la última pediatra de mi hijo mayor me aconsejó que le dejara descalzo todo el tiempo que pudiera para que desarrollara mejor la musculatura de su espalda y para que consiguiera un mejor apoyo de ambos pies al caminar.

Para mi tranquilidad mis hijos (hasta los dos añitos aproximadamente) siempre llevan bodys debajo de la ropa, con ello me aseguro que su barriga, costados, espalda y hombros están protegidos del frío y de los cambios de temperatura. Si es verano, body de manga corta (cuando llega el calor extremo no lleva body, obviamente, en este caso les dejo desnudos todo el tiempo que puedo) y si es invierno, body de manga larga.

Los bodys siempre 100% algodón (que sea orgánico no quiere decir que sea mejor para la piel, sino que simplemente se ha contaminado menos en su elaboración) y blancos porque el tinte de la ropa en la piel de los bebés es bastante perjudicial.

2. Resfriados y similares: La importancia de sacar los mocos es altísima y esto es algo que no descubrí hasta que mi primer hijo tenía ya varios meses de edad.

Descubrí la importancia de sacar los mocos del bebé (y del niño algo más adulto también) con regularidad en cuanto entramos en la época de frío y hasta que empiecen a subir las temperaturas considerablemente de nuevo. Y también descubrí que no son necesarios los saca mocos infernales que venden en las farmacias, ahora me arrepiento de haber hecho pasar a mi primer hijo por momentos muy desagradables con este tipo de saca mocos.

Con mis mellizas no he usado nunca este tipo de herramientas y, sin embargo, los resfriados e infecciones en general las tenemos mucho más controlados.

Yo simplemente uso suero fisiológico en mono dosis y gasas esterilizadas para sacar los mocos de mis hijos. 

3. El juego: Me hubiera encantado saber antes de ser madre que no son necesarios muchos juguetes para contentar a un bebé; que por el contrario es mejor poquitos y de calidad, materiales nobles como la madera o la tela, poco plástico, pocas luces y pocos sonidos. Que jueguen ellos con los elementos y no que los elementos jueguen por ellos.

Más juego libre y menos intervención del adulto. Me hubiera gustado saber que no es necesario estimular a un niño porque ellos gestionan su aprendizaje perfectamente, cada uno a su ritmo y sin presión externa.

Tampoco es necesario estar sobre ellos continuamente mientras juegan, no hay por qué guiar su juego ni interactuar tanto con ellos si ellos no nos están buscando a nosotros. Si el niño está jugando solito basta con que lo supervisemos para que esté a salvo y mientras podemos relajarnos disfrutando de cómo actúa o leyendo un libro incluso.

 4. El aprendizaje: Ay! Cómo me hubiera gustado saber que no necesito poner a mi bebé dibujos y vídeos del tipo Little Baby Einstein o Pocoyó para que su cerebro se desarrolle mejor o más rápido.

Si es para yo tomarme unos minutos de tranquilidad o poder hacer algo tan sencillo como ducharme tranquila o comer tranquila o dormir un poco... entonces si es necesario les volvería a poner dibujos mil veces, pero no con la excusa de que éstos harán que mis hijos sean más inteligentes o mejores porque no, estos vídeos no consiguen este objetivo.

Como tampoco está demostrado que un bebé menor de dos años aprenda inglés por ver los dibujitos en este idioma.

5. Los allegados: Este es el punto para mí mas importante con diferencia. 

Ojalá me hubieran explicado con suficiente convicción que a los allegados hay que "mantenerlos a ralla", que no podemos consentir que nos guíen en la crianza de nuestros hijos más de la cuenta, que no nos obliguen a ser unas madres o padres que no queremos, que no nos hagan actuar en contra de nuestras convicciones...

Y esto empieza el primer día de nacimiento del bebé, no tenemos por qué recibir visitas que no nos apetece recibir cuando acabamos de parir. Es nuestro momento; un momento irrepetible, trascendental y delicado. Necesitamos en el hospital a las personas que hemos seleccionado para que estén y nadie más.

Cuesta mucho explicar a seres queridos que preferimos recibirlos en casa una vez que nuestra nueva vida esté establecida pero tenemos que hacerlo, por nuestro bien. Y si de verdad nos aprecian, lo entenderán.

Por supuesto, podría hablar de un número 6 en esta lista y es del cojín de lactancia, no tuve esta herramienta tan útil tras mi primer embarazo porque consideré que con un solo bebé podría apañarme sin ayuda extra. Es cierto que conseguí darle el pecho sin problema, pero hubiera sido infinitamente más sencillo con un cojín de lactancia. Al tener mellizas la necesidad ya estaba clara, sin este instrumento no hubiera conseguido establecer la lactancia en gemelos.

Puede que escriba otro artículo como segunda parte de éste ya que me dejo varios temas por compartir sobre este tema pero por ahora quiero que os resuenen en vuestras cabezas estas ideas y las meditéis tranquilos/as para que la maternidad no os coja con desconocimientos que os lleven a cometer errores que se pueden evitar fácilmente.

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Feliz maternidad bien informada! ;)